Este es el título de una Carta Pastoral que el Cardenal Arzobispo de Milán, Dionigi Tettamanzi, le envió a los esposos en situación de separación, divorcio y nueva unión, el seis de enero del 2008 . Es un deseo especial de este Pastor y Maestro de sentirse muy cercano a esta clase de parejas y busca un diálogo abierto y sencillo; para compartir las alegrías y la fatiga de su caminar en la fe; para intentar escuchar algunas inquietudes de su vivencia cotidiana;  para dejarse interpelar de algunas de sus preguntas; para confiar los sentimientos y deseos que el Cardenal alimenta en su corazón por estas parejas, que se pueden sentir olvidadas e ignoradas por la Iglesia.

Algunas divorciados han tenido experiencias desagradables en relación con la Iglesia Católica: no se han sentido comprendidos en una situación ya difícil y dolorosa de por sí; no han encontrado, quizás, alguno dispuesto a escuchar y ayudar; muchas veces han sentido palabras que tienes el sabor de un juicio sin misericordia o de una condena si posibilidad  de apelación. Y han podido alimentar el pensamiento de ser  abandonados o rechazados por la Iglesia Madre.

La primera cosa que les dice el Cardenal Dionigi es esta:  “La Iglesia no los ha olvidado.  Tanto menos los rechaza o los considera indignos”.  Y recuerda las palabras de Juan Pablo II dirigidas a las familias provenientes de todo el mundo en ocasión del jubileo en el año 2000:  “De frente a tantas familias destruidas, la Iglesia se siente llamada no a expresar un juicio severo y distante, sino a introducir en los pliegues de tantos dramas humanos la luz de la Palabra de Dios, acompañada del testimonio de su misericordia”.

Como cristianos sentimos por estas parejas un afecto particular, como aquél de un padre que tiene más atención y cuidado por el hijo que está en dificultades y sufre, o el afecto de hermanos que nos sostienen con mayor delicadeza y profundidad, después que por mucho tiempo se han fatigado en el comprenderse y hablarse abiertamente.

El cardenal Tettamanzi, como hombre de Iglesia, reconoce que la decisión de  poner fin a una relación matrimonial no debería ser tomada con facilidad, tanto menos con ligereza.  “Ha estado un paso sufrido de sus vidas, un hecho que los ha interrogado profundamente sobre el por qué del fracaso de aquel proyecto de vida en el cual habían creído y por el cual habían invertido muchas energías”.

Ciertamente la de decisión de este paso dejas heridas que se curan con mucha fatiga; surgen las preguntas y los reproches  sobre en quién recae la responsabilidad; se siente el dolor de sentirse traicionado en la confianza puesta en el compañero-a que se había escogido para toda la vida;  se siente dominado por un sentido de inadecuación hacia los hijos, involucrados en un sufrimiento del cual ellos no tienen ninguna responsabilidad.

El fin de un matrimonio es también para la Iglesia motivo de sufrimiento y fuente de grandes interrogantes. Cuando esto sucede a las parejas que habían celebrado su alianza nupcial en la comunidad cristiana, viviéndola como un sacramento,  con la preparación debida, el acompañamiento y la oración: ¿por qué el Señor permite que tenga que romperse aquél vínculo que es el gran “signo eficaz” que hace presente en el mundo el amor mismo de Dios, un amor total, indestructible, fiel y fecundo, como el amor de Cristo por nosotros?  La Iglesia, en estas circunstancias, se encuentra en un cierto sentido empobrecida, privada de un signo luminoso que debía servirle de alegría y de consolación.

El Cardenal afirma que conoce estas inquietudes que expresan un dolor y una herida que tocan íntimamente a estas parejas y a toda la comunidad eclesial.

En el próximo editorial presentaré los principales apartados de esta importante Carta Pastoral:  - De cara a la decisión de separarse. - No a la resignación. - La Palabra de la Cruz. - ¿Hay un lugar para ustedes en la Iglesia?  - La Palabra del Señor sobre el Matrimonio. - En el corazón de la vida de fe en el signo de la esperanza. - El Señor, que esta en medio de nosotros, les está cercano.

Los recuerdo a todos en mi oración y los entrego a los corazones amantes de Jesús y de María,

P. Raúl Téllez V. CJM

Director Pastoral Familiar “Minuto de Dios”

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No solo parejas, también familias!