Una lección de amor y de amistad con San Juan Eudes y el Papa Francisco

En este mes “del amor y de la amistad” no quiero dejar pasar la oportunidad para saludarlos y expresarles mi alegría de pastor por ese bello y dramático camino del amor y de la amistad que el Señor nos ha permitido vivir en cada una de nuestras familias y también en las relaciones que hemos podido tejer en medio de nuestras koinonías de la gran comunidad “Alegría” y en la Pastoral Familiar del Minuto de Dios. Inicio compartiendo con ustedes una preciosa oración que, San Juan Eudes, sugería hacerla antes de salir para ir a encontrar a las personas que amamos, los amigos o a nuestro prójimo en general y que nos pueden ayudar a pensar en las cualidades mínimas relacionales que necesitamos para construir la familia, la comunidad y la sociedad en general. “Adoro en ti, oh Jesús, las santas y divinas disposiciones e intenciones con que trataste con los hombres. ¡Con qué humildad, caridad, dulzura, paciencia, modestia, desprendimiento de las criaturas y aplicación a Dios lo has hecho! Deseo, Salvador mío, conversar en adelante, con mi prójimo, con tus disposiciones que te ruego imprimir en mí. Te pido perdón por las faltas que contra ellos he cometido”. (OE I, 317).

En el contexto de un mes donde tantas personas celebran los lazos de “amor y de amistad”, San Juan Eudes nos propone unas virtudes humanas en clave cristocéntrica que nos pudieran ayudar a todos a humanizarnos cada vez más en nuestras relaciones en pareja, familia y con los demás. A buscar relaciones libres, sin pretensiones posesivas, capaces de aportar la alegría, la sencillez, la creatividad de un verdadero encuentro. Qué importante es cultivar entre nosotros y con los demás, relaciones que nos ayuden a crecer como personas desde una búsqueda de la verdad y del bien.

El Papa Francisco, en esta mismo sentido nos dice en su última exhortación apostólica postsinodal, “la alegría del Amor”:

“El amor de amistad se llama caridad cuando se capta y aprecia el “alto valor” que tiene el otro. La belleza –el alto valor del otro, que no coincide con sus atractivos físicos o psicológicos –nos permite gustar lo sagrado de su persona, sin la imperiosa necesidad de poseerlo”. Luego, hace una denuncia de esta sociedad de consumo donde todo está para ser “comprado, poseído o consumido”; también las personas, tristemente. El Papa nos propone la ternura como una manifestación de este amor que se libera del deseo de la posesión egoísta y nos lleva a “vibrar ante una persona con un inmenso respeto y con un cierto temor de hacerle daño o de quitarle su libertad” (Cfr. AL 127).

Papa Francisco insiste en que el amor al otro implica ese gusto de contemplar y valorar lo bello y sagrado de su ser personal, que “existe más allá de mis necesidades”. Esto permite buscar su bien de manera perseverante, aun cuando sé que no puede ser mío o cuando se ha vuelto físicamente “desagradable, agresivo o molesto”. Por eso, siguiendo a santo Tomas afirma: “del amor por el cual a uno le es grata otra persona depende que le dé algo gratis”.

En el contexto de familia, el Papa Francisco constata la necesidad de la mirada contemplativa a la otra persona: “La experiencia estética de amor se expresa en esa mirada que contempla al otro como un fin en sí mismo, aunque esté enfermo, viejo o privado de atractivos sensibles”. La mirada que valora tiene una inmensa importancia.

“Cuántas cosas hacen a veces los cónyuges y los hijos para ser mirados y tenidos en cuenta. Muchas heridas y crisis se originan cuando dejamos de contemplarnos”.

En su experiencia de acompañamiento de las familias, el Papa Francisco constata esta dura realidad que ha escuchado: “Mi esposo no me mira, para él parece que soy invisible”. “Por favor mírame cuando te hablo”. Un esposo dice: “Mi esposa ya no me mira, ahora sólo tiene ojos para sus hijos”. O esta otra frase. “En mi casa ya no le importo a nadie, y ni si quiera me ven, como si no existiera”. Su conclusión es: “EL AMOR ABRE LOS OJOS Y PERMITE VER, MÁS ALLÁ DE TODO, CUÁNTO VALE UN SER HUMANO”. (Amoris laetitia n. 128).

Qué importante es cultivar un buen diálogo en familia. En este sentido el Papa nos da otra lección magistral, pero a la vez muy práctica:

“Reconozcamos que para que el diálogo valga la pena hay que tener algo que decir, y eso requiere una riqueza interior que se alimenta en la lectura, la reflexión personal, la oración y la apertura a la sociedad. De otro modo, las conversaciones se vuelven aburridas e inconsistentes. Cuando ninguno de los cónyuges se cultivan y no existe una variedad de relaciones con otras personas, la vida familiar ser vuelve endogámica y el diálogo se empobrece” (AL 141)

Finalmente, los invito a orar al estilo de San Juan Eudes y colocar nuestras vidas y nuestras familias y comunidad en las manos del Dios de la misericordia:

Señor Jesús, que has dicho:

Bajé del cielo no para hacer mi voluntad

Sino la del Padre que me envió.

Y también: todo el que cumple la voluntad De mi Padre,

Es mi hermano, mi hermana y mi madre;

Concédenos que, siguiéndote en todo,

Renunciemos a nuestras miras humanas,

Y con decisión cumplamos los designios

Del que es tu Padre y nuestro Padre. Amén. (Oremos SJE #148)

Me encomiendo a sus oraciones y los confío a los corazones amantes de Jesús y de María.

Fraternalmente,.

P. Raúl Téllez V. CJM

Director Pastoral Familiar Minuto de Dios
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No solo parejas, también familias!