La Carta Encíclica LAUDATO SI "ALABADO SEAS", sobre el cuidado de la casa común. (Segunda Parte)

Desde el boletín anterior habíamos comenzado una lectura de esta importante Carta Encíclica de nuestro querido Papa Francisco sobre la cuestión de la ecología en clave de aportes a una espiritualidad conyugal y familiar.

En el N. 76 el Papa clarifica la diferencia entre el concepto de “naturaleza” y “creación”. LA NATURALEZA, suele entenderse como un “sistema que se analiza, comprende y gestiona”,  LA CREACIÓN, en cambio, se entiende como un “DON que surge de la mano abierta del Padre de todos, como una realidad iluminada por el amor que nos convoca a una COMUNIÓN UNIVERSAL”; es decir, “TIENE QUE VER CON UN PROYECTO DEL AMOR DE DIOS, donde CADA CRIATURA tiene un valor y un significado”.

En la vida de las personas  es importante el comienzo. En el salmo 33,6 se afirma claramente que el comienzo no fue producto del caos o la casualidad.  Hay una opción libre expresada en la palabra creadora:  “Por la palabra del Señor fueron hechos los cielos”•  EL AMOR DE DIOS ES EL MÓVIL  FUNDAMENTAL DE TODO LO CREADO.  La conclusión es obvia:  “cada criatura es objeto de la ternura del Padre, que le da un lugar en el mundo. Hasta la vida efímera del ser más insignificante es objeto de su amor y, en esos pocos segundos de existencia, él la rodea con su cariño”. (n.77).

En el n. 79 señala como la fe nos permite interpretar el sentido y la belleza misteriosa de lo que acontece. “La libertad humana puede hacer su aporte inteligente hacia una EVOLUCIÓN POSITIVA, pero también puede agregar nuevos males, nuevas causas de sufrimiento y verdaderos retrocesos.  Según el Papa, esto da lugar A LA APASIONANTE Y DRAMÁTICA  HISTORIA HUMANA, capaz de convertirse en un despliegue de liberación, crecimiento, salvación y amor, o en un camino de decadencia y mutua  destrucción. Por eso, la acción de la Iglesia no solo intenta recordar el deber de cuidar la naturaleza, sino que, al mismo tiempo, “debe proteger sobre todo al hombre contra la destrucción de sí mismo”. 

Refiriéndose AL SER HUMANO, en el n. 81, habla de que cada uno de nosotros tiene en sí una identidad personal, capaz de entrar en diálogo con los demás y con el mismo Dios. Y describe las capacidades inéditas que trascienden el ámbito físico y biológico:  la capacidad de reflexión, la argumentación, la creatividad, la interpretación, la elaboración artística, entre otras. Esta novedad cualitativa de su ser personal dentro del universo material SUPONE UNA ACCIÓN DIRECTA DE DIOS, un llamado peculiar a la vida y a la relación de un Tú a otro tú.  Por eso, a partir de los relatos bíblicos, consideramos al ser humano COMO SUJETO, que nunca puede ser reducido a la categoría de objeto.

En el n. 82, el Papa denuncia una visión que consolida la ARBITRARIEDAD DEL MÁS FUERTE y que ha propiciado inmensas desigualdades, injusticias y violencias para la mayoría de la humanidad, “porque los recursos pasan a ser del primero que llega o del que tiene más poder”: el ganador se lleva todo.  El ideal de armonía, de justicia, de fraternidad y de paz que propone Jesús está en contradicción de semejante modelo y así lo expresaba con respecto a los poderes de su época:  “Los poderosos de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes los oprimen con su poder.  Que no sea así entre vosotros, sino que el que quiera ser grande que sea el servidor. (Mt 20,25-26).     

 Quiero finalizar esta segunda entrega con la bella y poética afirmación que hace el Papa Francisco del valor de cada persona, de su historia y sus raíces ligada siempre a lugares concretos:  “Cuando insistimos en decir que el ser humano es imagen de Dios, eso no debería llevarnos a olvidar que cada criatura tiene una función,  y ninguna es superflua.  Todo el universo material es un lenguaje del amor de Dios, de su desmesurado cariño hacia nosotros.  El suelo, el agua, las montañas todo es caricia de Dios.  LA HISTORIA DE LA PROPIA AMISTAD CON DIOS SIEMPRE SE DESARROLLA EN UN ESPACIO GEOGRÁFICO QUE SE CONVIERTE EN UN SIGNO PERSONALÍSIMO, y cada uno de nosotros guarda en la memoria lugares cuyo recuerdo le hace mucho bien.  Quien ha crecido entre los montes o quien de niño se sentaba junto al arroyo a beber, o quien jugaba en una plaza de su barrio, cuando vuelve a esos lugares, se siente llamado a recuperar su propia identidad. (n. 84) 

Los recuerdo a todos en mi oración y los entrego a los corazones amantes de Jesús y de María,

P. Raúl Téllez V. CJM

Director Pastoral Familiar del Minuto de Dios

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